12 de Julio, 2006
Acompañar
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No es indispensable hablar, ni hacer algo especial.
Lo importante es comunicar al otro que uno está unido con la alegría, o la tristeza; que está viviendo el ser querido.
Lo que vale es respetar siempre el pedido, verbal o silencioso, latente o manifiesto de compañía o de soledad.
Acompañar es intuir la carencia del otro: es cuidar, proteger, sin molestar o dañar.
Es tarea de amigos, de amantes, de seres que se sostienen en la hermandad de los afectos. Es un servicio de lealtad
Es un punto de contacto, más cerca de los sentimientos invisibles que de la mera proximidad física, ostensible.
Se puede estar "cerca" de alguien. También es posible estar unidos por la distancia, pero próximos en el corazón.
A veces los sentimientos se filtran por las fronteras inventadas por los mismos protagonistas.
Acompañar no es pared sino puente, unión de almas.
Existen
paredes de vidrio, no visibles, que impiden la unidad de los
sentimientos, que asfixian el surgimiento generoso y espontáneo de la
compasión.
Hay proximidades que agobian y aíslan mucho más que la soledad misma.
"Y
qué le digo"?, preguntó alguien, temeroso de sus propias emociones ante
el dolor de un conocido... "No digas nada, absolutamente nada",
respondió la sensibilidad. Lo que importa es estar ahí en el momento justo.
Tal vez no exista nada mejor que la elocuencia del silencio.
En determinadas circunstancias, las palabras sólo consiguen incomunicar.
Como se recuerda el sabor del vino aún después que su olor se haya desvanecido, y que su copa haya desaparecido.
"Cállate por favor...
quiero estar contigo",
suplicó el poeta necesitado de compañía.
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Por ?? - 12 de Julio, 2006, 18:02, Categoría: Amistad
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El peso de la cruz
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Un joven ya no daba más con sus problemas. Cayó de rodillas, rezando. Señor, no puedo seguir. Mi cruz es demasiado pesada. El señor como siempre, acudió y le contestó, "Hijo mío, si no puedes llevar el preso de tu cruz, guárdala dentro de esta habitación.
Después, abre esa otra puerta y escoge la cruz que tú quieras".
El joven suspiró aliviado. "Gracias, Señor", dijo, e hizo lo que le había dicho.
Al entrar, vio muchas cruces, algunas tan grandes que no les podía ver la parte de arriba. Después vio una pequeña cruz apoyada en un extremo de la pared.
- " Señor", susurró, "quisiera esa que está allá".
-Y el Señor contestó.
" Hijo mío, esa es la cruz que acabas de dejar ".
Cuando los problemas de la vida nos parecen abrumadores, siempre es inútil mirar a nuestro alrededor y de ver las cosas con las que enfrentan los demás. Verás que debes considerarte más afortunado de lo que te imaginas.
Ya decía Santa Teresa de Ávila:
"LA CRUZ ABRAZADA ES LA MENOS PESADA".
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Por ? - 12 de Julio, 2006, 3:54, Categoría: Religión
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Etiquetas: dios, señor, cruz, peso, Santa Teresa
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