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En silencio para escucharme
En silencio, profunda y meditando, horas y horas caminando, la mirada perdida, sorda al bullicio de la gran ciudad sin sentir, si despierta, o si dormida.
Abandonadamente, en pacto demencial en voluntaria ausencia de amores y quereres, negándome haber vivido nada igual en este mundo caníbal de hombres y mujeres.
El alma flota, cual ebria mariposa los ojos de las gentes, me rozan insensible, miradas, cientas..., miles, mas nadie nota que mis ojos no miran, perciben invisibles.
Aquí, nadie me conoce ¡que buena cosa! sola estoy, con mis nadas y silencios, flotando voy, sin nudos, sin esposas oigo mi voz interior, ahogada por milenios.
Navego suave, en sensaciones nueva, relajada pura de corazón, sólo atenta al camino entre mi bien y mi mal, no siento nada entregada en alma y vida, por fin, a mi destino.
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